La ciencia nos confirma, estudio tras estudio, lo que los humanos que vivimos con un perro (y lo queremos) ya sabíamos: los perros no solo tienen una vida emocional compleja, también nos entienden bastante bien. Una investigación del Instituto Messerli de Viena aclara que los perros pueden diferenciar qué emociones expresa el rostro humano, incluso cuando solo pueden ver la mitad del rostro, y la persona de la fotografía resulta una completa extraña para ellos.

¿Y al revés? ¿Comprendemos a nuestros perros tan bien como pensamos? Gracias a la ciencia, cada vez sabemos más sobre los siete millones de perros y casi cuatro millones de gatos con los que compartimos la vida en España (según los últimos datos de Anfaac). Pero, ¿los entendemos tanto como merecen y necesitan?

Según David Menor, doctor en Etología y miembro del grupo de Etología Clínica de la Universidad de Córdoba, no siempre. «De hecho, muchos de los problemas de comportamiento que observamos en perros y gatos tienen su origen en el desconocimiento o en la mala interpretación por parte de las personas», afirma Menor, editor de la revista científica especializada Pet Behaviour Science.

Y no entender o malinterpretar a nuestro perro (igual que no entender a nuestro gato) tiene consecuencias tristes: «Muchos son abandonados o sacrificados cada año, y los problemas de conducta se mencionan como una de las principales razones para la renuncia», incide Menor. [Hace un tiempo te contamos por qué ladra tu perro, y también qué te pide tu gato cuando maúlla.]

El estudio Él Nunca no haría 2020, de la Fundación Affinity, coincide con esta reflexión: más de 300.000 perros y gatos son abandonados cada año en España (183.103 perros y 123.403 gatos, según los últimos datos, de 2019); y los llamados «problemas de comportamiento del animal» son el segundo motivo de abandono (el 13,2% de las ocasiones), solo por detrás de las camadas no deseadas.

Si algo hemos aprendido desde la etología, es que entender mejor a perros y gatos es el primer paso para mejorar su bienestar y para ayudarlos a ser felices a nuestro lado; también para evitar el abandono. Pero, ¿realmente entiendes a tu perro?

Menor ha elaborado, junto a la profesora Marta Parreño, del departamento de Medicina y Cirugía Animal de la Universidad de Córdoba, el cuestionario Entendiendo a nuestros animales para ponerte a prueba. Si lo completas, además, ayudarás a su investigación científica; que quiere arrojar luz sobre cómo de bien (o de mal) comprendemos a nuestros perros y gatos.

A continuación, Menor y Parreño nos ayudan a desmontar, con ayuda de la ciencia y de los estudios sobre emociones y comportamiento canino, algunas de las mentiras y malentendidos más repetidos y dañinos sobre tu perro.

Mentira 1. Tu perro tiene que saber quién manda en casa

Para nada. «Aunque sí puede existir cierta jerarquía entre los perros de una misma casa, los perros no crean jerarquía con sus propietarios», zanjan Parreño y Menor. Antiguamente, se asociaba la agresividad al propietario con un problema de dominancia, y se afirmaba que «el perro no sabía quién era el líder de la manada».

Hoy sabemos que dicha agresividad hacia el propietario se debe, en su mayor parte, a la frustración que desencadena un ambiente poco predecible y a la sensación de falta de control que conlleva.

Mentira 2. No es malo golpear a tu perro con un periódico enrollado

Mentira. Como también lo es la siguiente afirmación: «El castigo físico leve es apropiado para enseñar a un perro». El castigo no enseña al animal cómo debe comportarse, explican Parreño y Menor. Aunque pueda cortar en un momento puntual una conducta no deseada, no le muestra cuál es la alternativa que nosotros deseamos, y el efecto a la larga puede no ser el esperado.

Es más: el castigo físico puede ir acompañado de una serie de posibles efectos indeseables, negativos y potencialmente dañinos, como el comportamiento de escape, la agresión y la apatía de tu amigo o amiga peluda.

Mentira 3. Si tu perro es agresivo, la mejor solución es castrarlo

Aunque la castración baja los niveles de testosterona (hormona que regula el comportamiento, entre otras funciones), no es la solución mágica al problema de la agresividad. «Hay que trabajar otros métodos complementarios, como terapia de educación o la desensibilización», añaden Parreño y Menor. Eso sí: la castración es más eficaz con otros problemas, como el marcaje urinario.

Mentira 4. No hay que tocar a un cachorro, su madre podría rechazarlo

La interacción amable entre humanos y cachorros, con la presencia y consentimiento de la madre, debe producirse de forma temprana. Los cachorros de perro tienen un período sensible aproximadamente desde las 3 a las 14 semanas de edad, durante el cual pueden beneficiarse de la exposición a una variedad de estímulos sociales y no sociales.

Es más: si la exposición no ocurre durante este período de desarrollo, el resultado puede ser un miedo persistente de adulto, y otros problemas de comportamiento relacionados.

Mentira 5. La agresividad se debe a la raza y el tamaño del perro

No. «La agresividad no se debe principalmente a la raza y al tamaño del perro», aclaran Parreño y Menor. Los estudios sí nos dicen que ciertas razas (akita, cocker spaniel y fox terrier) están predispuestas a ser «más temperamentales».

Pero la personalidad se define como el conjunto de características de comportamiento de los individuos que son generalizables en todos los entornos; y son el resultado de la interacción entre el temperamento y el entorno.

Y esto no puede generalizarse ni según razas ni según tamaños. Es más: sabemos que la genética apenas influye un 10% en la personalidad de los perros. «Es más importante cómo haya sido educado y tratado el perro que su raza», concluyen estos dos expertos.