Con la soledad y aislamiento que ha traído el coronavirus, nos hemos lanzado con los brazos abiertos a tener por primera vez una mascota.

Si hubiera estadísticas sobre besos y abrazos, seguramente veríamos que están en mínimos históricos. Muchos, sin embargo, han podido mantener su ración diaria de caricias porque tienen a su lado a un amigo peludo con derecho a achuchón.

Puede parecer una cuestión menor, pero no lo es. Los sociólogos hablan de una pandemia de soledad provocada por los confinamientos, y los neurólogos señalan que la privación del sentido del tacto provoca ‘hambre de piel’, una carencia que afecta a nuestro estado emocional.

En 2019 había 6,7 millones de perros en España y 3,8 millones de gatos. Un perro por cada tres hogares, un gato por cada cinco. Todo apunta a que esas cifras se han quedado cortas durante el infame 2020.

El Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid ha alertado de la escasez de varios fármacos que se administran a perros y gatos. «Este desabastecimiento se debe, entre otros motivos, al incremento de animales a los que se debe inmunizar por el aumento de adopciones y de mascotas en los hogares españoles durante la pandemia de COVID-19»

  •  Los hogares con perros y gatos no dejan de crecer en España desde 2010. Ya hay más animales de compañía que niños menores de 15 años

   

Situaciones inauditas en las protectoras

¿Se trata de un espejismo producido por una situación excepcional? ¿O es la consolidación de un fenómeno que viene de lejos? En otras palabras, ¿ha estrechado el coronavirus nuestra relación con nuestras mascotas? Algo inaudito sucedió en marzo. Una protectora de Salamanca mostraba sus jaulas vacías.

Durante aquellas semanas de confinamiento domiciliario se vio a los propietarios de perros con cierta envidia: con la excusa de sacarlos a pasear podían darse una vuelta. Incluso la Fiscalía General del Estado alertó al Seprona para que vigilase que no se adquiriesen perros con el fin de burlar el aislamiento. Un vecino coruñés alquilaba el suyo por franjas de 15 minutos. Aquello no pasó de triste anécdota. En realidad, abundan los ejemplos de solidaridad. La protectora madrileña El Refugio creó una unidad para el rescate de mascotas de personas hospitalizadas o fallecidas a causa de la COVID-19.

Con la desescalada se reanudó la actividad. Y empezó a notarse en las redes sociales un aumento de la demanda. Había listas de espera, sobre todo para los cachorros de algunas razas.

  • Se ha puesto de moda el término ‘perrijo’ porque a veces, cuando se adopta un perro, se va buscando un sustituto emocional

Que algunas protectoras casi hagan un casting a los candidatos a adoptar indica un cambio de mentalidad en la sociedad. Los hogares con perros y gatos no dejan de crecer en España desde 2010. Tanto que ya hay más animales de compañía que niños menores de 15 años. La soledad, con el aumento de hogares unipersonales, solo explica parcialmente el fenómeno. Por otra parte, cada vez más parejas optan por tener perro como un sustituto de los hijos. Tanto es así que en nuestro país, con una tasa de natalidad estancada, la población de niños y de perros ha terminado equiparándose.

Por otra parte, un tercio de las personas mayores convive con una mascota en España. Y ha sido precisamente este colectivo el más afectado por el aislamiento. Y el que puede haberse beneficiado más de ese plus de resiliencia que les aporta tener la compañía de un perro o un gato al que cuidar porque eso también los obliga a cuidarse, a salir a la calle y mantenerse activos.