La convivencia no es siempre sencilla. Vivir en la misma casa siempre hace que pueda haber algún roce, pero eso también nos pasa a los humanos. Son problemas de los que no se libra nadie, a los cuales estamos todos expuestos, un aspecto importante y por el que estamos más influenciados por el mundo de cine, es la de tener un perro si ya tenemos un gato ¿realmente se llevan tan mal los unos con los otros? ¿O simplemente son ideas preconcebidas?

Un estudio realizado en Europa, Estados Unidos y Canadá con la participación de unos 800 hogares ha revisado de cerca que ocurre cuando perros y gatos viven juntos.

Según los especialistas en algunos casos los gatos en un inicio pueden tener algunas reticencias para compartir la casa con un perro, pero en general y con el paso del tiempo las dos especies suelen vivir en armonía.

Según este estudio en ocho de cada diez lugares donde conviven perro y gatos reina  la paz, y se palpa un ambiente relajado y sin tensiones, pero para ser realistas en algunos casos nos es así, aunque son minoritarios alrededor de un 3% de las familias admitían que había demasiados problemas entre su gato y su perro.

¿Qué podemos hacer para ayudar a que haya una buena relación entre nuestro perro y nuestro gato?

En primer lugar hay que cuidar las presentaciones y asegurarse de que las interacciones se hacen teniendo en cuenta la necesidades y gustos de las dos especies.

Aquí te dejamos una serie de pasos a seguir:

-Dejar que perros y gatos se acostumbren a  sus olores.

El olor es un aspecto clave en el proceso de aceptación entre el perro y el gato, hay que acariciar al gato y luego al perro e impregnar a cada uno con el olor de otro.

-Utilizar (en los primeros encuentros) un trasportín para el gato.

Esto permitirá al perro examinar con libertad su nuevo territorio.

-Separa los espacios del perro y el gato al principio.

-El próximo paso es el de juntar a los dos animales.

Debe hacerse de manera controlada de forman que uno pueda entrar en contacto con el otro de manera que se toleren.

-Reducir la vigilancia poco a poco.

 Los gatos con reticencias iniciales

En general los gatos son más reticentes a compartir espacio con un perro, al menos, en un inicio, ya que un perro bienintencionado y juguetón puede ser una amenaza para el gato, porque este último es un amante del control.

A los felinos les encanta imponer sus propias normas y esto es fácil de romper por un perro por lo tanto esto puede ser un motivo de estrés para el gato, que puede intentar defender su espacio.

A pesar de todo este tipo de problemas no se da en la mayoría de los casos probablemente si hacemos las cosas bien la paz reinará en nuestra casa.